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 Asunto: NOCTURNOS INFERNALES Y DANTESCOS
NotaPublicado: 22 Jul 2017, 12:50 
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NOTA PREVIA/ Estoy subiendo a mi blog mi obra completa por orden alfabético, un trabajo que me llevará mucho tiempo y que no me gustaría dejar inacabado, como una obra póstuma y maldita, porque no me considero un escritor maldito, solo un escritor aficionado que intenta hacerlo lo mejor posible y cuya vanidad le impide dejar que el destino queme o arroje a la papelera todas las palabras que encadenó durante años y años.

Al hacerlo me encuentro con una serie de textos que escribí basándome en unos maravillosos poemas de la que fue mi gran amiga, Isabel, alias Abril, alias Kentia, alias Kentilucha. Hace muchos años que no sé nada de ella, su rastro se perdió en las mareantes aguas del océano virtual. Viendo en los telediarios los tristes acontecimientos que vive una país hermano como Venezuela, he recordado que Isabel era venezolana y lo último que supe de ella fue que había tenido que abandonar Venezuela por motivos políticos y personales. Nunca llegamos a conocernos en persona, nuestra amistad se cimentó al comentarnos en una página literaria. Sus maravillosos poemas me impactaron y así se lo dije, aunque ella nunca llegó a creerse que fuera una poetisa tan maravillosa como yo le decía.

Hablamos mucho por MSN, lo que entonces se llevaba, porque aún no había llegado el wasap ni los adelantos modernos. Nos contábamos muchas cosas, pero especialmente hablábamos de literatura y a veces colaborábamos. Me gustaba especialmente parafrasear sus versos con relatos en prosa. De esto hace ya muchos años, por lo que no recuerdo si llegué a subir estos textos, junto con sus versos, a alguna página literaria, o simplemente fue un regalo cariño que le hice. Tampoco recuerdo si llegué a terminar los relatos basados en su poemario titulado "Nocturnos", creo que no, porque esto es lo único que he encontrado y aún falta mucho para llegar al final de su poemario. Mi intención era hacer lo mismo con sus otros poemarios, pero de pronto desapareció de mi vida virtual y nunca volví a saber de ella, salvo un relampagueante mensaje en cierta ocasión que me decía estaba en un lugar oculto de Europa porque no quería que rastrearan sus pasos.

Tampoco recuerdo si obtuve permiso explícito para usar sus versos junto con mis relatos en prosa, algo que se supondría si los hubiera subido a alguna página literaria, pero no he encontrado nada. A pesar de ello me he decidido a utilizarlos porque estos maravillosos versos no merecen seguir en el olvido y por otro lado porque si apareciera y me pidiera que los quitara, para mí sería conmovedor volver a saber de ella. Fue una amistad muy profunda, que yo nunca creí se pudiera dar en Internet. Al repasar mi obra completa por orden alfabético me he encontrado con estos textos que situé en la A, A de Abril. Debo decir que sus maravillosos versos superan con mucho a mis textos en prosa, aunque al releerlos he sido consciente de que en realidad no eran tan malos como pensaba, y hay en ellos un lirismo intenso que me hace recordar cómo era yo hace muchos, muchos años.

Quiero que esta serie de textos sean un cariñoso homenaje a mi amiga Isabel, alias Abril, alias Kentia, alias Kentilucha, de quien siempre conservaré un maravilloso recuerdo. Espero que siga viva, espero que su vida, dramática e intensa, sea todo lo feliz que ella se merece. Es posible que esto me ayude a terminar esta serie de relatos que quedó inconclusa.

CON TODO MI CARIÑO Y ADMIRACIÓN, PARA MI BUENA AMIGA ISABEL


LETRA A/CONTINUACIÓN

ABRIL



RELATOS SOBRE POEMAS DE MI AMIGA ISABEL,ALIAS ABRIL, ALIAS KENTIA O KENTILUCHA

CONCRETAMENTE SOBRE SUS NOCTURNOS

NOCTURNOS DE ISABEL

-I-

el nocturno
no es refugio de pasiones
no es maraña de brebajes sagrados

es reencuentro
entre lunas y soles

memoria

silencio

poesía







ESCENA PRIMERA



Hipo, transformado en Mefistófeles porta una gran capa negra. No es necesaria una descripción prolija de su infame pinta, se deja a la imaginación del lector.

Coge la mano blanca en forma de paloma de Kentilucha y susurra a su oído mefistofélicos pensamientos. Ella acepta ser transportada por el éter a un lugar que Hipo no quiere aun desvelar.

Nocturno en ...

Abril pegada a un telescopio observa las estrellas. Hay una copa de vino sobre la mesita y tiene un cigarrillo entre los labios. En la mesita un montón de folios, sobre el primero puede verse escrito en grandes letras negras: El nocturno no es refugio de pasiones.

Abril deshoja la margarita del nocturno cuajado de estrellas. Kentilucha la observa desde fuera y desde dentro de la escena en una incomprensible visión mefistofélica. Colgado en el aire por hilos invisibles Mefistófeles intenta en vano no parecer ridículo.

Muy lejos de allí Hipo está sentado en un banco cerca del estanque de los patos, Bois de Boulogne, París. Sobre las rodillas sostiene una gran carpeta en negro con letras blancas: Nocturnos, por abril. Escribe con un bic que se le para cada dos por tres.

Kentilucha está allá y está acá. Hipo-Mefistófeles está allí e Hipo-crítico está aquí. Abril es y no es Kentilucha. Magia mefistofélica.

“El nocturno no es refugio de pasiones. No es el nocturno chopiniano exudando pasión en cada tecla al tiempo que el pecho de Chopin arde en un fuego inextinguible y la tos la estremece sobre el piano. No es maraña de brebajes sagrados. Nada de raros brebajes para los dioses: el verso desnudo brotando del alma desnuda. El reencuentro entre soles y lunas. Un reencuentro porque ya nos hemos encontrado otras veces. Hay otras vidas, otras reencarnaciones y no las hay debería haberlas. No tendría sentido una lluvia de estrellas fugaces en un cielo que no volverá a cambiar en eones. Si no hay reencuentros hay al menos un “dejá vu” de corazones que se han amado para siempre desde antes de conocerse.

La memoria de lo que somos y seremos. Memoria del amor y del dolor, del placer y del olvido. Memoria en el tiempo y un presente continuo fuera del tiempo. En el nocturno la memoria reposa mirando un cielo estrellado a través de un telescopio. Un sorbo de vino y otro pitillo.

El silencio del nocturno no es soledad sino compañía en el recuerdo. Es música para el alma que no tiene oídos, tan solo corazón que oye, siente y habla. En el silencio suenan mejor los nocturnos, bajo las estrellas que titilan a lo lejos. Luz y no sonido. Es entonces cuando surge la poesía y el verso es una sola palabra que lo contiene todo: memoria, silencio, poesía.

Hipo está convencido de que el verso de una sola palabra que lo contiene todo es la quintaesencia de la poesía. No se pierde el ritmo, no se corta el sentimiento. Cada verso es el sonido de una tecla que se enlaza con otra.

El primer episodio se cierra con el guiño de una estrella. Ha pasado un ángel.



-II-

en nocturnos
se vacía
se proyecta

entre rondas
vagabundea
alcanza

trashumante

deshabita
perdigueros
reservas
suspiros

noctámbulo
habita
anida

alucinante
desvaría

lleva la muerte
llega a Dios

en nocturno
desde el regodeo

pretende







SEGUNDA SECUENCIA



Pavorosa visión a la entrada del Hades. Hipo-mefistófeles está con Kentilucha, ambos tomados de la mano observan cómo Abril les está mostrando el noctámbulo que allí habita, anida, desvaría. Alucinante visión. Sobre la puerta azufrada un letrero dice: Lleva la muerte.

Sale Virgilio muy discreto vestido con túnica romana y les “sugiere” que empiecen por el paraíso. Todos aceptan y emprenden la ascensión aliviados. Sobre la puerta noctámbula del cielo-azul-nocturno-estrellado hay un letrero en luces de neón, dice: Llega a Dios.

Todos pasan a la clausura, vestíbulo del cielo, inmenso salón nocturno. Allí la fe de errata se revisa y el aliento se acostumbra, se aquiescencia el temporal que ruge fuera. En algún lugar se deshabitan campanarios, los relojes se abalanzan y las prisas descansan en los cómodos sillones del vestíbulo-clausura. Hipo-mefistófeles pide un refrigerio y como nadie le hace caso se acuarela su expresión. Abril y Kentilucha sienten compasión por un Mefisto hambriento y con sus manos-alas-de-paloma llaman a las simplezas que se desglosan, trabajan sus hemistiquios, reforman sus vigilias y prometen refrigerio a Hipo que en nocturno y en clausura se levanta prisionero del silencio.

Abajo en el Bois de Boulogne Hipo-crítico-crático no sabe cómo curar las heridas que le produce semejante desbarajuste causado por un Hipo-Mefisto salido de la nada. Escribe en un folio que resbala sudoroso de la carpeta.

“En nocturnos abril se vacía. ¿Pero de qué puede vaciarse esta mujer? Tal vez le sobre dolor, tristeza, desamor. Entonces ¡hale, hale, a vaciarse! Se proyecta entre rondas por jardines ocultos donde pacen los místicos nocturnos, rebaño trashumante que deshabita de perdigueros las reservas naturales donde los suspiros del noctámbulo habitan en las ramas de copudos alcornoques como pájaros que no dejan de piar.

“El noctámbulo desvaría y alucina y se pregunta si la muerte a la que lleva el nocturno abrileño no es en realidad la muerte de las pasiones vanas de un tiempo que lleva en sí los gusanos de la Parca y que nunca fue otra cosa que un engaño cubierto por el velo de Maya paseando por avenidas materiales.

“El rebaño trashumante llega a Dios en vacío de pasiones, proyectado entre suspiros, alcanza las reservas donde uno se reencuentra entre lunas y soles y la memoria y el silencio y la poesía acunan al bebé-nocturno dormido en ensueños de lunas crecientes.



Hipo-crítico anota. Todo un mundo se despliega al toque de cada tecla-letra, de cada palabra-acorde, como cosmológico teclado desplegado en un cielo nocturno donde las estrellas son teclas blancas y los agujeros negros sostenidos y bemoles. Y Abril, sentada sobre una nube, toca las estrellas como si fueran teclas.



-III-

en nocturno
en clausura

la fe de errata se revisa
el aliento se acostumbra
se aquiescencia el temporal

se deshabitan campanarios
se parsimonia la imprudencia
se acuarela la expresión

los relojes se abalanzan
las prisas se descansan

las simplezas se desglosan
las vigilias se reforman
los hemistiquios se trabajan

y se dice
y se cuenta
y se repite

que en nocturno
y en clausura
se levanta




TERCERA SECUENCIA

Cuando Virgilio, con su túnica blanca de patricio romano insta a Kentilucha y Abril con sus túnicas blancas de paloma a seguirle en un paseo por el cielo Hipo-Mefistófeles arrebata a ambas de las manos del patricio y las baja al Hades. Las hace pasar por la puerta del infierno donde Hipo-Mefisto se siente prisionero del silencio y Abril en aullidos renuncia a Kentilucha y se pone a discutir con Hipo entre lágrimas. Tú, vaciado en un calvario, yo asceta inhabitado; tú peregrino de amapolas (abril lo dice porque Hipo se ha acercado al fuego y su cara parece una amapola gigantesca). Yo trashumante de sagrarios donde espero alcanzar un día lo inalcanzable. Mientras me conforme con encontrar desencuentros.

Ahogados, náufragos, van aullando, ni pecadores ni confesos y Abril y Kentilucha van aullando pero cuidan de Hipo, no caiga en una caldera de Pedro Botero. Y de todos los tropiezos le van guardando.




NOCTURNO 3



AHOGADOS

Hipo-Mefisto pide a Virgilio que les acompañe a los infiernos haciendo de gentil guía. Extendiendo su capa mefistofélica sobre la comitiva Mefis consigue situarles a la puerta del Hades en un santiamén. Un letrero tiznado anuncia: Lleva a la muerte. Abril y Kentia, mujeres valerosas donde las haya siguen a Virgilio hacia el interior. Hipo se queda rezagado, aunque conoce muy bien sus moradas no le gusta nada el infierno.

Caminando a buen paso “Mefis” logra seguirles gracias a los poderes de su capa, como un nuevo supermán de pacotilla) se acercan a la laguna Estigia donde están todos los condenados al ahogamiento. Abril seña con lágrimas en los ojos a una niña que se está ahogando en el silencio al tiempo que bracea desesperadamente sin producir el menor sonido.

Más allá Kentia señala un soliloquio que se asfixia en afanes. Habla en voz alta y sus propias palabras silenciosas le ahogan. Hipo-Mefis se duele de los anhelos, dulces efebos que son despreciados hasta por las tercas ausencias. En el centro de la laguna un navegante rema con sombras y su barquichuelo es zarandeado por tormentas de sombras hacia una isla donde soplan todos los vientos. Está plagada de movimiento como gusanos que se dan a la fuga. Se oyen en el aire voces infantiles y cuando Virgilio les va a sugerir descansen en un parque infantil cercano salen de esta parque unos adultos malhumorados que les recriminan su ociosidad. Detrás de los adultos vienen unas brujas, las certezas ponen en labios de los adultos las mentiras ahogándoles sin la menor compasión.

El enfermero perfil del que Hipo siente envidia se pierde en la noche tras los adultos enfermos de angustia. Es entonces cuando la comitiva se da cuenta que tiene los flancos desguarnecidos y los recuerdos extraviados, no en vano están en el Hades donde los deseos se transforman en volcanes destructivos y caóticos. Todos se arrojan al agua para apagar el fuego que consume sus túnicas y de esta manera se convierten en náufragos, náufragos de sí mismos.



ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO (PURGATORIO)



Todos acaban siendo rescatados por un poeta en el que Hipo-Mefis cree reconocer a pleyadiano aunque no sabe nada de su aspecto físico. Abril y Kentia le saludan efusivamente como hacen con todos los poetas pero sin dar muestras de reconocerle explícitamente ni hacen signos de querer estrecharle contra su corazón por lo que Hipo deduce que es un poeta cualquiera (los poetas aparecen en cualquier parte cuando menos se les espera). Virgilio llora desconsoladamente. El también es poeta y de los buenos pero nadie le hace caso. El tiempo no pasa en vano. ¿Quién lee hoy a Homero?





El poeta anónimo les invita a todos a acercarse a un fuego donde secan sus túnicas, primero poniéndose de espaldas y luego de cara. El poeta aprovecha para explicar que el guapo mancebo que se está quemando en esa específica caldera de Pedro Botero es un pésimo poeta anónimo de ripios infectos sin el menor corazón. Virgilio dice saber su nombre pero todos le hacen callar. ¡Pobre Virgilio!.

El poeta rescatador, no el torturado, les explica que él mora en el purgatorio sufriendo a veces y otras siendo muy feliz, escribiendo versos que nadie lee. Aburrido decidió darse un paseo por el infierno (siempre un lugar divertido). Así llegó a tiempo de rescatarles.

Kentia que es más habladora que Abril le pregunta. Poeta en esta vida…¿qué es verdad?, ¿qué es mentira?. ¿Relatos, ensueños con palabras tuyas-mías?.

Aquí Mefisto interrumpe para explicar que el verbo es propiedad exclusiva de la Mente Universal por lo que quienes aceptan el copyright son unos ladrones. El, Mefisto, ha sido quien ha establecido la propiedad privada para que todos se peleen por un copyright más o menos y la vida se transforme así en un infierno. Nadie puede decir nada porque otro lo ha dicho antes. Llevado al extremo los derechos de autor quedan en poder de los clásicos y sus herederos. Va a seguir pero Kentia pone un dedo en sus labios. Hipo calla.

-¿Inventas tus días desde una casta rutina o desde un cielo solo y seco?

Y si la vida es esto dime porqué escribes poesía.

-Para susurrarte en escritura, para saber qué vamos a hacer con las cenizas de las huellas en nuestras pieles de tus letras entre las mías, para tener trasnoches y madrugadas de ayunos oscurecidos. Para saber si habrá tristeza cuando amanezca, si habrá vergüenza al rememorar, si soñaremos desencantados, si…

Kentia entusiasmada responde: Suéñalo poeta, dímelo, madrugaremos esperanzados.

Hipo cree que el anónimo poeta está intentando seducir a Kentia y le da un tremendo coscorrón en el cráneo. El poeta sale aullando endecasílabos. Si pierde en el aire de regreso al purgatorio.

Kentia y Abril reprochan ácidamente a Hipo sus celos infundados y éste cae en el mutismo.

Virgilio quiere enseñarles de una vez el infierno pero Mefisto les vaporiza a todos y aparecen en un rincón del cielo donde a la entrada de un iglú vemos a pleyadiano, Rafael…, hilvanando verso tras verso sin levantar la cabeza. Sobre la entrada del iglú puede leerse “y mi alma con la rienda corta, pronta a desbocarse”.

Todos se saludan efusivamente, luego que Abril haya tocado en el hombro de pleyadiano para sacarle de sus ensueños. Este se levanta y en carne y hueso se enfrenta y les invita a compartir su iglú donde todos son recibidos con licores, elixires, refrigerio morigerado y mucho cariño, mucha amistad, la palabra sigue al mutismo provocado por las viandas y allí se produce un aquí, un ahora, los afueras, los adentros y el trajinar de los sueños de todos. El labio deshabitado recolecta besos amistosos de almas que se quieren

Todos se llevan muy bien en carne y hueso, hasta Virgilio que ha recuperado un semblante alegre. La jornada transcurre entre memorias y olvido, presencia y reposo. El silencio acontecido al final de la jornada cuando el cansancio se hace presente se fragua en anarquía, orden de los aliados, de los contrarios y todos se van a reposar en diferentes habitaciones adecentadas por el propio pleyadiano feliz de charlar con viejos amigos. En el sueño cada uno libra sus propias batallas del alma, lidiando en rienda corta resuelta a desbocarse con el caballo galopante de la pasión. Hipo-Mefisto tienta en sueños a pleyadiano para que suelte la rienda corta y se desboque. ¿Dónde vas a ir tú, alma cándida, que ya estás en el cielo?. Desbócate pleyadiano. Abril y Kentia, en sueños, vienen a ayudar a pleyadiano como dos ángeles de la guarda y arrojan al demonio Hipo-Mefisto al Hades donde pasa la noche de caldera en caldera, sufriendo como en él es habitual.

Virgilio ronca apaciblemente.






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 Asunto: Re: NOCTURNOS INFERNALES Y DANTESCOS
NotaPublicado: 14 Sep 2017, 09:51 
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NOCTURNOS



-IV-


prisionero
del
silencio

yo
en aullidos
renunciado


vaciado
en
un
calvario

yo
asceta
inhabitado


peregrino
de
amapolas

yo
trashumante
de sagrarios

desencuentros
encontrados

MAPAS DEL SER





Aun a pesar de que el infierno es el hogar de Hipo-Mefisto, siempre lo ha sido y siempre lo será, éste no se encuentra a sus anchas en un lugar tan tenebroso. Aquí, privados de la luz natural, cada cual duerme a su gusto, cuando quiere o cuando puede.

Hipo ha despertado de su sueño de Gary Cooper con las piernas dormidas por postura tan incómoda adoptada durante la ensoñación. Mira a su alrededor por si pleyadiano pudiera aportar su generosa ayuda pero no lo encuentra. No hay nadie en el lóbrego pasadizo. Se pone en pie apoyándose contra la húmeda pared y reposa unos minutos hasta que sus piernas van recobrando la consciencia célula a célula. Entonces para desentumecerse totalmente comienza una extraña danza que hubiera envidiado la mismísima Maia Plisevskaia y plagiado sin rubor para el Lago de los cines, pongamos por caso. Eleva ambas rodillas siguiendo un ritmo apoplético, se acuclilla hasta dar con su barriga en el frio suelo, se eleva sobre la punta de sus pies y camina de puntillas con grave peligro de descoyuntarse para finalmente echar una carrerilla por el lóbrego pasadizo. Regresa otra vez sobre la punta de sus pies y eleva las manos en un gesto “balletiano” realmente encantador. ¿Qué hubieran dado ambas gemelas por presenciar esta iniciación a la danza?. Hasta venderían su alma a Hipo-Mefisto.

¡Abril y Kentilucha! ¿Cómo ha podido olvidarse de ellas?. Se lanza en tromba por la puerta de la biblioteca. Virgilio y el fantasma de las letras que continuaban parloteando muy amigablemente se levantan sobresaltados. A ambos les ha sido denegado el abrazo de Morfeo y deben ocupar el tiempo concedido a los mortales para el sueño en sabrosos coloquios literarios. Ambos a duo le recriminan su ímpetu. Hipo suspira con tal fuerza que la biblioteca tiembla como sacudida por un huracán. Ha debido despertarlas piensa Hipo compungido y una lagrimita se desliza de su inmenso lacrimal.

Kentilucha y Abril salen asustadas. El miedo aún habita en su generoso corazón. Nadie se libra de este plato que todo humano debe probar, frio o caliente, como aperitivo en cualquier refrigerio vital. Hipo se arrodilla y pide perdón por haberlas despertado. Estas sonríen y le comunican que el sueño huye de sus párpados en esta lobreguez. Se encontraban, como quien no quiere la cosa, examinando el mapa geodésico que devela la topografía de su ser.

Hipo es invitado a participar de esta maravilla y para no molestar a Virgilio y al fantasma de las letras que han reanudado el coloquio es invitado a su cuarto donde los tres se sientan a una mesa de roble sobre la que está desplegado un gran mapa. Arrullados por los ronquidos de pleyadiano que dormita en un cuarto adyacente las hermanas explican a Hipo la compleja y hermosa geografía de su ser.

Abril señala el septentrión donde habita la abstracción, un país extenso, una inmensa llanura donde residen las ideas, una raza en peligro de extinción que se pasa la vida esperando, anhelando, ser visitadas y seducidas por los hijos de los hombres. Kentilucha pone el dedo sobre otro país señalado en rojo, el país de la concreción y la estimulación donde las ideas brillan por su ausencia y los bípedos televisores caminan por las calles enseñando el vacío de sus cráneos a través de la pantalla. Los reality-shows exhiben en las esquinas sus vergüenzas con absoluta falta de pudor. Los hijos de los hombres se tumban en las aceras dejándose llevar por lo concreto.

Abril pone una cruz con un rotulador azulen el centro donde moran los tinos, los equilibrios y las discapacidades, unas señoritas solteronas y ya un poco mayores que no cesan de lamentarse a todas horas de su desgracia. Los tinos son señoritos muy peripuestos que siempre atinan con la palabra elegante para la dama en cuestión o se quitan el sombrero de copa al paso de los buenos ciudadanos. Los tinos son los petimetres del país del austro. Los equilibrios en cambio son los saltimbanquis del circo de la sociedad. Se pasan la vida haciendo equilibrios sobre la cuerda floja, realizando saltos en el trapecio de la economía o intentando sostenerse en la bicicleta de una sola rueda. Son divertidos y arriesgados. Son la muestra viviente de que uno puede sobrevivir si se lo propone.

Abril acaricia con la yema de su dedo el saliente poblado con sus inquietudes y certezas. Ambas son las damas más respetadas en el país de la vida. Las inquietudes son las feministas que quieren la revolución del hombre nuevo y todo lo ponen en solfa hasta la terca melodía del statu quo. Las certezas son viejas matronas que han vivido mucho, por eso comprenden casi todo y se ruborizan cuando algún petimetre las llama guapas. Las certezas suelen tener arrugas en el rostro producidas por el dolor de una búsqueda sin cuartel.

Kentilucha deja caer su trenza sobre poniente donde habitan la circunstancia y el sino, matrimonio bien avenido en el que una utiliza al uno y el uno a la otra para cortar las trenzas de las luchadoras natas. Abril deja caer sentimientos y razones sobre el centro donde está el eje de sus polos que permanece asentado firmemente y bien instalado en algún lugar invisible entre su corazón y su cabeza, en una montaña, Timoto Cuica, en la que hay un campanario recoleto que da las horas de la paz en un presente perpetuo.

Justo desde una choza que bordea el eje de sus polos consigue la expresión nocturna o la diurna, las letrillas o el requiem. Desde ella su voz dulce de poetisa llega a inundar el mundo como una campana que repica en un campanario recoleto de una montaña llamada Timoto Cuida.

Abril y Kentilucha se sobresaltan porque Hipo-Mefisto se ha encaramado sobre la banqueta de roble en la que estaba sentado y extendiendo su negra capa mefistofélica pretende lanzarse de cabeza sobre el mapa. Se lo impide la muralla china de la individualidad que a todos nos rodea. Hipo gime y patalea y está a punto de caerse de su frágil sustento. Lo impiden las dos hermanas que cogiéndole cada una de una mano lo depositan en el suelo húmedo y frío, hacen una reverencia cortesana y le invitan a un banquete y a una danza en un lugar al que asisten los mortales y desde el que ya suena un rigodón invitando al brindis.




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 Asunto: Re: NOCTURNOS INFERNALES Y DANTESCOS
NotaPublicado: 17 Feb 2018, 12:05 
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-VII-

poeta
en esta vida…

¿qué es verdad?
¿qué es mentira?

¿relatas ensueños
con palabras tuyas-mías ?

¿inventas tus días
desde una casta rutina
o desde un cielo
solo y seco?

y si la vida es esto…

dime
poeta
dime

¿por qué escribes poesía?

-VIII-

ven
susúrrame
en escritura

qué haremos con las cenizas
de las huellas en nuestras pieles
de tus letras entre las mías

de los trasnochos
y madrugadas
de los ayunos
oscurecidos

si habrá tristeza
cuando amanezca
si habrá vergüenza
al rememorar

si soñaremos
desencantados
si asomaremos
entusiasmados

suéñalo
poeta
dímelo

¡madrugaremos esperanzados!

-IX-

__________________________
“… y mi alma con la rienda corta
pronta a desbocarse”
–Rafael García Casanova-
__________________________

en carne y hueso
se enfrenta

la palabra
el mutismo
el aquí
el ahora

los afueras
los adentros
el trajinar de los sueños

el labio deshabitado
recoleto del beso

en carne y hueso
se llevan

la memoria
el olvido
la presencia
el repaso

el silencio acontecido
al final de la jornada

en carne y hueso
se fraguan

la anarquía
el orden
los aliados
los contrarios

y las batallas del alma
cuando lidia en rienda corta
resuelta a desbocarse

-X-

me invitas
a la cuita
al comparti-miento

y nos ahogamos
con los gritos
de tus-mis silencios

calla
poeta
calla

estoy
soñando

quiero
seguir
andando

sigue
poeta
sigue

¿no
ves
que
habito
en
llanto?

-XI-

hay un fantasma
entre esas letras

que
acosa
persigue
abate

desde
cuencas
y
vacíos
se
desangra

con
líneas
perversas
entrelaza

y me llena
y me enloquece
y me arrebata

hay un fantasma
entre esas letras
que me clama

abril







NOCTURNOS V- UN FANTASMA

Amanece en el infierno, la rosada aurora expande sus alas sobre la rosácea brasa de los fuegos que alimentan a las calderas del gran Pedro Botero. En las calderas los condenados se toman un respiro. Hipo, con la aquiescencia de sus demonios guardianes, amiguetes donde los haya, saca su orondo trasero de la caldera, se lava en el agua azufrosa de un arroyo cercano y envolviéndose en la capa de Mefisto regresa al cielo donde pleyadiano, insomne, contempla las estrellas a través de la venta y escribe algún que otro verso a la luz de las velas. Abril y Kentia duermen juntas como dos hermanas que se quieren fraternalmente. Los ronquidos de Virgilio semejan el canto de un dragón enronquecido.

Pleyadiano observa la llegada de Hipo-Mefisto con una sonrisa condescendiente. Sabe de sus extravagancias y las acepta con la bondad que le caracteriza. Le ofrece un suculento desayuno y ambos se ponen a cocinar unos huevos fritos con jamón serrano, unas tostadas con mantequilla y mermelada y un mazapán que pleyadiano hace muy jugoso, relleno de trufas.

Antes de desayunar tienen la delicadeza de llamar a las dos hermanas que agradecen gentilmente con versos encendidos la bondad de sus amigos. A Virgilio es preciso despertarle a toque de trompeta.

Mientras desayunan comentan la próxima jornada. Pleyadiano se ofrece a formar parte de la comitiva. Las hermanas le aconsejan descanso en lugar de someter su corazón biónico a los ajetreos de un viaje imprevisible. Hipo insiste y ante su cabezonería, cerril y colérica, pleyadiano es aceptado. Virgilio no dice nada. Come con apetito los huevos con jamón. De vez en vez mira a Hipo con miedo, como si temiera alguna desgracia inconcreta. Se decide salir del cielo por una escalera trasera y visitar el purgatorio. Un lugar extraño donde los haya donde esperan nuevas aventuras a nuestros valientes, casi intrépidos personajes.

Se ponen en marcha. Virgilio delante, detrás las dos hermanas, pleyadiano e Hipo charlando como cotorras de todos los temas habidos y algún otro que habrá. La entrada al purgatorio es gótica, fantasmal, de un romanticismo trasnochado. Telarañas en las bóvedas al otro lado de las puertas de hierro colado, ataúdes que rechinan al fondo.

Virgilio les conduce a la biblioteca donde suele pasar sus horas muertas revisando a los clásicos que ahora nadie lee. Allí les dice para estremecimiento de todos:

-Hay un fantasma entre estas letras que me acosa, persigue, abate, desde cuencas y vacíos se desangra.

Abril entra en trance y exclama:

-Con líneas perversas entrelaza y me llena y me enloquece y me arrebata. Hay un fantasma entre esas letras que me clama.

Kentia, su hermana, la abraza y la consuela de su pesadilla. Pleyadiano pide a Hipo que guarde silencio porque resuenan el canto trocado, el baile apagado. Virgilio comenta que es raro porque solo al final de la noche suceden estas cosas, sin embargo el ambiente es tan lóbrego allí que los fantasmas pierden la noción del tiempo y bailan cuando no deberían y cantan cuando deberían callar.

Salen de la biblioteca y se dirigen hacia donde se oye el alboroto. Por el camino se encuentran miradas perdidas que se han transformado en fantasmas por falta de generosidad y de amor al prójimo. Las lunas desvanecidas en cambio parecen simpáticas y se desmayan en brazos de Hipo que no tiene manos suficientes para “sostenellas y consolallas”. Pleyadiano le da una voz. Que se deje de tonterías y cuide de las hermanas que están tristes y afectadas.

Caminando bajo bóvedas donde no llega la luz observa a los lados puertas con candados donde las llaves de hierro, enormes, permanecen herrumbrosas en las cerraduras. Virgilio comenta que tras las puertas purgan sus pecados media humanidad por su insensibilidad al verso, a la poesía, a los sueños y a la fantasía.

Llegan a un patio empedrado con un pozo en su centro de donde salen sonidos chirriantes, son los hipócritas que siguen escondiéndose en el subsuelo, han dejado sus disfraces en el tendedero y sus sombras en el suelo son un “continuum” de alas de buitre planeando sobre los cadáveres de los señalados con el dedo.

Virgilio les hace pasar a un salón donde se proyectan películas continuadas. Hipo-Mefisto convence a la comitiva de que se sienten en los bancos de piedra y disfruten del espectáculo. Hipo adora el cine y poniendo los ojos como platos se deja llevar. Abril y Kentilucha protestan de esta sesión de cine en medio de la noche y con un fantasma clamando entre las letras, allá atrás en la biblioteca que han dejado abandonada. Ambas sienten en sus carnes el clamar de ese fantasma de las letras y manifiestan su deseo de volver, deseo que ratifica pleyadiano que huele a café recién servido. Hipo cede porque la película que ahora se proyecta es un bodrio. De otra forma le hubiera costado ser cortés.

Vuelven al patio. Virgilio les hace pasar ahora por otra puerta para regresar dando un pequeño rodeo. En los muros, húmedos de sangre, aparecen trozos de carne recién cortada. Este trato especial se reserva a los materialistas que no han tenido un solo pensamiento sobre el espíritu a lo largo de su vida. Se ven labios enrojecidos y se renuevan los lamentos a su paso, lamentos de quienes ahora confiesan, demasiado tarde, que el espíritu existe, vaya si existe, y su carne, en trozos que pronto serán mojama sobre paredes frías y húmedas, tan sólo era un disfraz de sombra.

Según van llegando a la biblioteca donde clama el fantasma entre las letras despunta el alba. Abril estremecida jura delatar este mundo subterráneo en nocturnos.

En algún lugar doblan las campanas. ¿Por quién doblan las campanas?

En el próximo episodio de nocturnos, titulado precisamente así, encontraremos a Abril en el papel de Ingrid Bergman con Pleyadiano en el papel de un republicano e Hipo en el de Gary Cooper que le queda pequeño no se sabe cómo se introducirá en él. Y por supuestos numerosos secundarios de lujo. No se pierdan este nuevo episodio de “Nocturnos”, guión, dirección e interpretación, troceamiento y montaje de Hipo.



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